jueves, 1 de diciembre de 2011

“El Bloque de Constitucionalidad como fundamento normativo de la Ley No. 137-11, Orgánica del Tribunal Constitucional”

Por: Juan Carlos Coiscou P. /Abogado Asociado/Magister en Derecho de Daños

Continuando el análisis de la Ley No. 137-11, Orgánica del Tribunal Constitucional y de los Procedimientos Constitucionales, promulgada el pasado 13 de junio del corriente año, nos referiremos al encuadramiento que hace esta ley, de la construcción jurisprudencial y normativa conocida como Bloque de Constitucionalidad.
Como es bien sabido, la defensa del debido proceso y su adaptación a nuestro derecho interno, constituye la génesis del llamado bloque de constitucionalidad. Lo anterior, debido a que, mediante la Resolución 1920-2003, del 13 de noviembre de 2003, se consolidó un concepto de configuración jurisprudencial pero de asidero legal, y de cuyo contenido, se derivaba la exigibilidad de distintos instrumentos jurídicos de corte nacional e internacional, específicamente, en materia de derechos fundamentales. Así, la resolución 1920-03, dispuso en uno de sus atendidos que: “forman parte de nuestro derecho interno el conjunto de garantías mínimas reconocidas en nuestra Constitución, así como la normativa supranacional conformada por los Tratados y Convenciones internacionales que reconocen derechos fundamentales, tal como ha sido reconocido por esta Suprema Corte de Justicia, mediante resolución que instituye el procedimiento para ejercer el recurso de amparo, de fecha 24 de Febrero del 1999”. Esto último, constituyó el precedente base para la construcción de un concepto global que integrara tanto la actividad jurisprudencial como las normas legales especializadas a la protección de los derechos fundamentales, y mayormente, al debido proceso en auge en aquel entonces.
En este contexto, la resolución definió el bloque de constitucionalidad de la manera siguiente:“Atendido, a que la República Dominicana, tiene un sistema constitucional integrado por disposiciones de igual jerarquía que emanan de dos fuentes normativas esenciales: a) la nacional, formada por la Constitución y la jurisprudencia constitucional local tanto la dictada, mediante el control difuso como por el concentrado, y b) la internacional, compuesta por los pactos y convenciones internacionales, las opiniones consultivas y las decisiones emanadas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; fuentes normativas que en su conjunto, conforme a la mejor doctrina, integran lo que se ha denominado, el bloque de constitucionalidad, al cual está sujeta la validez formal y material de toda legislación adjetiva o secundaria”.
Esta definición, guarda perfecta relación con el espíritu y contenido de la Ley No. 137-11, partiendo, incluso, partiendo desde el objeto y alcance de la misma sobre lo cual se refiere el artículo 2 de ésta:“Esta ley tiene por finalidad regular la organización del Tribunal Constitucional y el ejercicio de la justicia constitucional para garantizar la supremacía y defensa de las normas y principios constitucionales y de Derecho Internacional vigente en la República, su uniforme interpretación y aplicación, así como los derechos y libertades fundamentales consagrados en la Constitución o en los instrumentos internacionales de derechos humanos aplicables”. De lo anterior, deviene que esta ley utilice el bloque de constitucionalidad como un fundamento normativo para la validación jurisdiccional del Tribunal Constitucional y como fuente de normativas exigibles y aplicables para la búsqueda de la justicia constitucional.
En tal virtud, el artículo 3 dispone que: “En el cumplimiento de sus funciones como jurisdicción constitucional, el Tribunal Constitucional sólo se encuentra sometido a la Constitución, a las normas que integran el bloque de constitucionalidad, a esta Ley Orgánica y a sus reglamentos”. Aunado a que mediante este artículo, la ley integra el bloque de constitucionalidad como fundamento normativo, la misma también lo introduce como parte de los principios rectores del sistema constitucional, toda vez que, el artículo 7, numeral 3, en la definición del principio de Constitucionalidad dispone que:“Corresponde al Tribunal Constitucional y al Poder Judicial, en el marco de sus respectivas competencias, garantizar la supremacía, integridad y eficacia de la Constitución y del bloque de constitucionalidad”.
Ante la existencia de una construcción normativa como el bloque de constitucionalidad, y como en todo fundamento normativo, surge la posibilidad de que, en determinado momento, pudiera acontecer un conflicto normativo. En este sentido, la ley No. 137-11, en otro de sus principios rectores, presenta la fórmula para la solución de aquel posible conflicto, ya que, de acuerdo al numeral 5 del mencionado artículo 7, el principio de favorabilidad dispone que: “La Constitución y los derechos fundamentales deben ser interpretados y aplicados de modo que se optimice su máxima efectividad para favorecer al titular del derecho fundamental. Cuando exista conflicto entre normas integrantes del bloque de constitucionalidad, prevalecerá la que sea más favorable para el titular del derecho vulnerado. Si una norma infraconstitucional es más favorable para el titular del derecho fundamental que las normas del bloque de constitucionalidad, la primera se aplicará de forma complementaria, de manera tal que se asegure el máximo nivel de protección (…)”.
Lo dispuesto en este principio de favorabilidad resulta de mucha practicidad e higiene procesal y argumentativa, tanto para el Tribunal Constitucional como para los juristas que acudan en defensa de víctimas de violaciones a sus derechos fundamentales, sobre todo, en materia de derechos en los que la Corte Interamericana de Derechos Humanos esté más avanzada y cuyos criterios sean más beneficiosos para la víctima. Ejemplo de ello, sería la actual evolución en materia de daños a los derechos civiles y políticos, así como la protección de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. De igual importancia, se reviste la jerarquía supletoria que otorga la Ley a las normas infraconstitucionales, ya que, es obligada su consulta y uso en los casos en que sean más favorables que las normas del bloque de constitucionalidad, lo cual, acontece, por ejemplo, con la Ley No. 42-08, General de Defensa de la Competencia, aplicable al binomio jurídico conformado por el derecho a la Libre Empresa y la Libre Competencia, entre otros ejemplos.




"The Constitutional Block as a normative basis of Law No. 137-11, of the Constitutional Court"
By: Juan Carlos Coiscou P. / Associate Attorney / Master of Tort Law

Continuing the analysis of Law No. 137-11, of the Constitutional Court and the Constitutional Process, enacted on June 13th of 2011, we will refer to the framework that typifies this law as of the legal construction known as “Constitutional Block”.

It is common knowledge that the defense of the due process of law and its adaptation into our legal system is the genesis of the so-called constitutional block. This, because, through Resolution 1920-2003 of 13 November 2003, a concept of case-law configuration but of legal nature was consolidated, and of whose content was derived the enforcement of various legal instruments of domestic and international nature, specifically in regards to fundamental rights. Thus, resolution 1920-03, stated in one of its recitals that: "constitute part of our domestic law the set of minimum guarantees acknowledged in our Constitution, as well as the supranational rules contained in treaties and conventions that recognize fundamental rights, as has been recognized by this Supreme Court, by resolution, which establishes the procedure for exercising the remedy of amparo, dated February 24, 1999”. This last part set the precedent for building a global concept that integrated both case-law activity as well as specialized legal standards for the protection of fundamental rights, and especially, due process of law, in vogue at that moment.

In this context, the resolution defined the constitutional block as follows: "Considering that the Dominican Republic has a constitutional system consisting of equal standing provisions emanating from two key normative sources: a) national source, formed by the Constitution and local constitutional case-law dictated by both judicial review (or diffuse control) and specialized constitutionality review (or concentrated control,) and b) international source, comprised of international covenants and conventions, advisory opinions and decisions of the Inter-American Court of Human Rights. These legal sources as a whole, according to the best legal theory, make up what has been called the constitutional block, to which is subject, both formally and materially, the validity of every primary or secondary legislation”.

This definition is fully in connection with the spirit and content of Law No. 137-11, starting from its object and scope, as stated in Article 2 thereof: "This law is intended to regulate the organization of the Constitutional Court and the exercise of constitutional justice to ensure the supremacy and advocacy of constitutional norms and principles of international law in force in the Republic, its uniform interpretation and application, as well as the fundamental rights and freedoms enshrined in the Constitution or in international treaties on human rights ". From the aforementioned definition we can conclude that this law has used the constitutional block provisions as a normative basis for validating the jurisdiction of the Constitutional Court and as a source of enforceable and applicable regulations to the pursuit of constitutional justice.

As such, Article 3 provides that: "In carrying out its duties as constitutional jurisdiction, the Constitutional Court is subject only to the Constitution, the rules that make up the constitutional block, to this law and its regulations”. Not only does the law, through this article, integrate the constitutional block provisions as a normative basis, it also introduces as part of the guiding principles of the constitutional system, since Article 7, paragraph 3, in the definition of the principle of Constitutionality provides that: "It is for the Constitutional Court and the judiciary branch, within their respective powers, to ensure the supremacy, integrity and effectiveness of the Constitution and the constitutional block".

In the presence of a normative structure such as the constitutional block, and as in all normative basis, the possibility arises that, at some point, a regulatory conflict could happen. In this regard, Law No. 137-11, in another of its guiding principles, establishes the mechanism for the solution of that potential conflict, since, in accordance with paragraph 5 of the aforementioned Article 7, the principle of lenity provides that: "The Constitution and fundamental rights must be interpreted and applied so as to optimize their maximum effectiveness to support the fundamental right holder. Where there is conflict between norms of the constitutional block that which is most favorable to the holder of the infringed right shall prevail. If an infra-constitutional rule is more favorable for the holder of that fundamental right than those of the constitutional block, the former shall be applied in a supplemental manner, so as to ensure the highest level of protection (...) ".

The provisions of this principle of lenity is of great practical, procedural and argumentative use, for both the Constitutional Court and the lawyers who come to the defense of victims who suffer violations to their fundamental rights, especially regarding the rights in which the Inter-American Court of Human Rights is more advanced and whose criteria are more beneficial to the victim. An example would be the current developments regarding damages in civil and political rights and the protection of Economic, Social and Cultural Rights. Equally important, it grants infra-constitutional provisions a supplemental hierarchy, given that their consultation is required and shall prevail in cases where they are more favorable than those of the constitutional block, which happens, for example, with Law No. 42-08, the Competition Law, applicable to the legal binomial of the right to free enterprise and to free competition, among other examples.

1 comentario:

  1. Excelente articulo, nos arroja mucha luz, es llano y comprensible.

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